El mono y la luna,
se adentran en el bosque.
Si desconfían de su intuición,
cualquier camino,
parecera cerrado,
muy empinado,
o de malos espíritus habitado.
El mono y la luna descienden
y crujen junto con las hojas,
de un sitio,
que al anochecer,
suena a vida y explota en aleteos.
Al llegar al final del desencuentro,
como bandada de pájaros
vuelan juntos,
solo porque sienten hacerlo.
Marcan el camino,
con el alma sobre el aire
y este se abre
a nuevos visitantes,
que llegan,
aún sin saber que han llegado a algún lugar.
-Adelirio
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