Tareas en medio de la pandemia



Mi porfesor de acústica nos mandó una tarea interesante: Imaginar que la pandemia que estamos hoy en día transitando fuese por un virus que te deja sin capacidad auditiva. Debemos describir como sería nuestro primer día sin poder escuchar.



Desequilibrio en mi Naturaleza.

Hola, soy Nath.
Hoy es 25 de marzo de 2020, son las 23:27hs de la noche antes de irme a dormir, les contaré como ha sido mi día, mi primer día con el virus alojado en mi cuerpo. Como ya deben saber estamos en medio de una pandemia que comenzó hace dos meses en otro continente, y ha dejado sin capacidad auditiva a millones de personas alrededor del mundo.
Comencé con los síntomas hace ya cinco días y hoy fue mi primer día de incapacidad auditiva completa.

Desperté tarde (el despertador había sonado por horas pero claramente no lo escuché). En fin, sin trabajo y sin estudios a los que concurrir no había apuro. Estiré mis brazos y acaricié a mis cachorras, es raro no hablar con ellas, son mi única compañía constante en esta pandemia.
Me levanté, lavé mis dientes y la verdad fue agradable no escuchar el cepillado, <<seguramente mañana ya extrañe ese sonido>> pensé.
Tomé la bicicleta y fuimos con las cachorras a dar una vuelta, por suerte vivo en un lugar con abundante naturaleza y hay muy poca gente, lo que me posibilita andar por ahí sin mucha preocupación de contagiar a alguien.
Pasamos por la plaza y vimos a un par de niños jugando carreras, es triste no escuchar sus risas, para alguien que ya no se encuentra en esa etapa de la vida, escuchar a un niño reír es de las cosas más bellas, no hay risas más puras y contagiosas de felicidad.
Bajamos a la playa, desayunamos unas frutas y cuando las cachorras se alejaron para jugar entre los médanos, fue que me di cuenta.
No podía escuchar al mar.
Ni a las aves.
Ni el viento.
Lloré un rato para desagotar la frustración y volví a casa para preparar el almuerzo.
Qué inolvidable momento entrar a la habitación y ver todos los instrumentos ahí sin nadie que los haga sonar. <<aún puedo tocar el bajo y morder la guitarra para sentir sus vibraciones>>  pensé para consolarme, ¡pero que hay de la armónica, cantar, hacer beatbox!
La caldera hirvió, el arroz se me pasó, todo iba mal.
Si tan solo hubiera una comparsa sonando en la calle, podríamos sentir las vibraciones en el pecho y seguir un ritmo para bailar, pero por el momento eso no se puede.
Resignada me senté afuera a disfrutar la sombra de marzo. Debía dejar esta frustración atrás y continuar. Pero para cualquier músico, esta situación ha de ser desesperada  y ahí fue que no me sentí tan sola. Cientos de músicos están pasando por lo mismo que yo.
Después de todo si no existiera el silencio todo sería sonido y creo que es igual de terrible.
No hay luz sin oscuridad.
No hay oscuridad sin la luz.
Pero entonces ¿vivir siempre en el silencio es muy desequilibrado?



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